Focaccia: beneficios, receta fácil y cómo combinarla en tus comidas y cenas
Descubre los beneficios de la focaccia casera. Aprende a prepararla y encuentra las mejores ideas para acompañarla en tus comidas y cenas con Consum.
Crujiente por fuera, tierna por dentro y con un característico sabor a aceite oliva que hace que una porción nunca parezca suficiente. La focaccia ha pasado de ser un clásico italiano a convertirse en un comodín indispensable de nuestra cocina: sirve como acompañamiento, base para una cena rápida o incluso como protagonista de un buen picoteo o aperitivo. Por si fuera poco, prepararla en casa es más sencillo de lo que parece. ¡Veamos cómo!
Beneficios de la focaccia: el valor de una buena fermentación y el aceite de oliva
La focaccia, al estar elaborada con aceite de oliva (uno de los ingredientes clave de la dieta mediterránea), aporta grasas saludables beneficiosas para el corazón. En el caso de que se elabore con una fermentación prolongada, masa madre o incluso harinas integrales, resultará, en general, más ligera y digestiva. Eso sí, hay que tener en cuenta que, como muchos alimentos, dependerá siempre de con qué se combine y cada cuánto se coma. Como todo, la moderación siempre resulta la mejor estrategia para cuidar la salud.

La receta de focaccia casera: las claves para una masa ligera y digestiva
Si te preguntas cómo hacer una focaccia casera, la clave es respetar rigurosamente los tiempos. Una fórmula sencilla que puedes preparar sin problemas en casa únicamente necesita lo siguiente:
- 200 g de harina de fuerza
- 300 g de harina de trigo común
- 7 g de levadura seca de panadería
- 350 g de agua
- 10 g de azúcar
- 10 g de sal fina
- aceite de oliva virgen extra
- hierbas provenzales (al gusto)
- sal (gruesa)

En cuanto a la receta de la focaccia, debes saber que no hay que tener miedo a la hora de añadir aceite ni pringarse un poco, ya que la masa es muy húmeda y blanda. Dicho esto, ¡vamos allá!
- Vierte en un recipiente las harinas con la sal. Después, forma un hueco y echa el agua junto al azúcar y la levadura. Mézclalo hasta que la masa tenga un aspecto homogéneo, tápala con un paño y espera unos 15 minutos.
- Pasado este tiempo, empieza a amasar. Como la masa (ya te lo adelantábamos) es bastante húmeda, puedes usar una amasadora o un robot con gancho de amasar, aunque no hay problema en hacerlo a mano. Engrasa primero la mesa de trabajo y echa la masa. La sugerencia más extendida es dedicar los primeros minutos a hacer pliegues sobre la masa usando una rasqueta impregnada con aceite, o las propias manos, con aceite o humedeciéndolas con agua. Se recomienda ir haciendo amasados cortos y reposos de unos 15-30 minutos.
- Cuando la masa luzca lisa y suave, tapa de nuevo con un paño húmedo o film de cocina dentro de un recipiente también engrasado y deja que aumente hasta que doble su tamaño. Debería tardar alrededor de una hora, más o menos.
- Engrasa con aceite una bandeja rectangular (lo suyo sería de 15 x 25 cm) y echa con suavidad la masa, extendiéndola sin aplastarla. Ten en cuenta que ella sola se expandirá, así que no tiene por qué quedar perfectamente encajada. Píntala con aceite por toda la superficie y déjala levar unos 20-30 minutos.
- Precalienta el horno a 250-240 ºC y vuelve a extender la masa con suavidad. Píntala de nuevo con aceite y haz unos huecos sobre la masa (muy característicos de la focaccia). Riega de nuevo con aceite y deja reposar 10 minutos. Echa algunas hierbas provenzales (el romero funciona especialmente bien, pero conviene no sobrecargarla), añade un poco más de aceite y deja de nuevo reposar unos 10 minutos.
- Tras otro contundente chorro de aceite, solo faltará añadir sal gruesa e introducirla en el horno durante unos 5 minutos. Baja la temperatura a 220 ºC y déjala hasta que esté bien dorada, algo que debería suceder a los 20 minutos. Nada más sacar la focaccia, riégala con aceite, espera 5 minutos y déjala enfriar. ¡Lista!
Focaccia rellena: la alternativa gourmet para resolver tus cenas rápidas
Una focaccia recién horneada puede convertirse en un bocadillo de categoría. La clave para que esté deliciosa es combinar ingredientes que aporten diferentes texturas y sabores: un elemento cremoso, como el hummus o un queso suave; otro fresco, como el tomate o la rúcula; , y, si buscamos una cena más completa, una fuente de proteína, como pollo, atún o huevo. No hace falta incluirlos todos: lo interesante es encontrar una combinación equilibrada que resulte apetecible.

Cómo acompañar tu focaccia en las comidas: maridajes con cremas y ensaladas
En la mesa, la focaccia funciona especialmente bien con preparaciones que aporten frescura o cremosidad. Una crema de calabacín, de calabaza o de verduras asadas puede encontrar en ella el contrapunto crujiente perfecto. También combina de maravilla con ensaladas de tomate, rúcula, hojas verdes, legumbres o verduras de temporada. Si la focaccia aporta hidratos y aceite, puedes completar el plato con vegetales y una fuente de proteína. Por ejemplo, una ensalada de garbanzos, tomate, pimiento asado y huevo cocido, acompañada de unas porciones de focaccia, se puede convertir en una excelente opción para una comida.
Toppings saludables para enriquecer tu pan: verduras asadas, hierbas y proteínas
Aquí empieza la parte divertida. Tomates cherry, cebolla, calabacín, berenjena o pimiento aportan color y sabor. Para aromatizar, puedes usar romero, tomillo, albahaca u orégano, que le dan un toque exquisito. Si buscas convertirla en un plato más completo después del horneado, recuerda que también puedes añadir huevo, atún, pollo, queso fresco, hummus o legumbres. En realidad, puedes adaptar los toppings a cada comida sin necesidad de cambiar la masa, así que ¡usa la imaginación y a disfrutar!

Trucos para conservar tu focaccia tierna y esponjosa durante toda la semana
La mejor focaccia es la recién hecha, pero también puede conservarse relativamente bien. Una vez fría, guárdala bien cerrada para evitar que pierda humedad. Para varios días, la opción más práctica es congelarla en porciones y descongelar sólo solo lo que vayas a consumir. Para recuperar su textura, un golpe de horno será lo más indicado, ya que devolverá parte de su corteza crujiente y su interior tierno.
Queda claro el encanto y las posibilidades de la focaccia, ¡ahora solo falta que decidas qué versión toca hoy!
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