Como cocinero aficionado —de esos que disfrutan más del resultado que de seguir recetas al pie de la letra— debo admitir que no suelo usar caldos preparados. Sin embargo, en esta ocasión decidí salir de mi zona de confort. No tenía muy claro qué hacer, así que opté por una prueba sencilla pero honesta: un arroz que algunos llamarían paella, utilizando únicamente el caldo como base, unas pocas especias y cuatro gambones. El resultado fue sorprendentemente exquisito.
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Pongo la sartén o paellera al fuego con un poco de aceite, sin prisas. Marco ligeramente los gambones (sin cabeza, cuestión de gustos), apenas vuelta y vuelta, solo para que suelten aroma. Los retiro y los reservo; ya volverán a escena.

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Sofrío el tomate y 1 diente de ajo troceado, añado pimienta molida (de molinillo), cuando el tomate esta al punto añado cúrcuma, lo muevo sin dejar que se queme.
Entonces llega el momento clave: el caldo. Lo añado. Aquí no hay sofritos largos ni artificios. El caldo entra y manda. Cuando empieza a hervir añado dos vasitos de arroz (para 2 personas) y coloco los gambones encima, dejo que el arroz haga su trabajo durante unos 14 minutos, sin tocarlo. Hasta que no quede caldo.
Apago el fuego, dejo reposar unos minutos y observo. El arroz ha absorbido el caldo y con él, todo su carácter.
El resultado: Un plato humilde y sorprendente. El sabor del caldo se hace notar desde el primer bocado, limpio, profundo, sincero. Los gambones acompañan, pero no eclipsan. Es uno de esos platos que te recuerdan que cocinar bien no siempre es complicar, sino elegir una buena base y dejarla hablar.

2 gr de Arroz 2 vasos tamaño "carajillo/cafe"
1 ud de tomate
1 ud de 1 diente de ajo
1 ud de curcuma al gusto
1 ud de pimienta negra al gusto
1 ml de caldo de pollo consum 1 tetrabrick
1 ud de sobre de colorante "azafran"
4 ud de gambones
1 ud de chorro aceite de oliva
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