Rutinas de verano para niños: cómo organizar sus vacaciones
En verano, unas pequeñas rutinas pueden marcar la diferencia con los niños. Te damos tips fáciles para organizar el día sin agobios.
Verano: la época del año más esperada por los niños. Casi tres meses de vacaciones, sin clase, sin obligaciones. Es tiempo de jugar al aire libre, de relajarse, de ir con amigos a la piscina y a la playa… Pero, dentro de este oasis, hay que tener en cuenta también lo importante que es mantener algunas normas básicas de convivencia durante estas semanas.
Cómo hacer que los niños participen en las tareas del hogar
Desde que son pequeños, hemos de inculcarles la importancia de colaborar con las tareas domésticas, siempre adaptando lo que les pedimos a la edad que tienen. No deben verlo como una imposición, sino como una forma de introducirse poco a poco en la «vida adulta».
Un primer paso es definir cuáles son sus responsabilidades y cuándo tienen que hacer cada tarea: desde poner la ropa sucia en el cesto o los platos en el lavavajillas hasta ordenar su habitación o barrer el salón. El verano es el momento perfecto para incluir estas tareas, ya que los niños disponen de más tiempo y flexibilidad.

Claves para fomentar la independencia de tus hijos en verano
- Mantén una rutina: las vacaciones no deberían ser sinónimo de descontrol, pero podemos seguir horarios más flexibles que en invierno. Tener una rutina proporciona a los niños una estructura que fomenta su independencia y les hace capaces de gestionar mejor su tiempo, además de aportarles seguridad y permitirles desarrollar hábitos saludables.
- Fomenta su participación en la toma de decisiones: por ejemplo, permite que un día a la semana sean ellos quienes diseñen el menú de comidas, que se preparen sus propias meriendas o que cada tarde sean ellos los que decidan qué ropa ponerse para salir a la calle.
- Empieza a soltarles: aunque al principio puede dar un poco de miedo, es importante que, dependiendo de la edad y de su entorno, comiences a dar cada vez más libertad de movimiento a tus hijos. Por ejemplo, deja que sean ellos los que compren el pan ese día, permite que se queden jugando con sus amigos en la calle o ve ampliando poco a poco sus horarios de vuelta a casa.
Ideas para que los niños aprendan hábitos nuevos sin pantallas
El verano también es una buena etapa para repasar lo que han dado durante el curso y afianzar aquellos conocimientos que han costado un poco más.
Además, limitar el uso de las pantallas siempre es recomendable. Una buena alternativa a estas es dedicar tiempo a la lectura, estableciendo un momento para ello cada día. Un hábito que trataremos de mantener también en sus rutinas de cara al invierno.
Y aunque parezca un cliché, no es malo que los niños tengan algún momento de aburrimiento. De hecho, es fundamental para el desarrollo de su imaginación y su creatividad y para fomentar la tolerancia a la frustración, sin depender siempre de los adutos o de las máquinas para entretenerse.

Momento de descanso y tiempo de calidad en familia
El verano es tiempo de aprovechar para relajarse fuera de la rutina y el estrés laboral. Estas semanas de vacaciones son perfectas para hacer alguna escapada en familia, aprender nuevos juegos de mesa o empezar hobbies todos juntos.
Una idea que siempre triunfa es preparar la merienda con los niños. Recordarles que tienen que beber agua y tomar fruta es importante, pero también lo es enseñarles que esto no tiene por qué ser aburrido. Podemos introducirla en la dieta preparando juntos helados con base de plátano y combinándolo con nuestros sabores preferidos. De esta forma, fomentamos la creatividad y la participación de los niños, al mismo tiempo que les mantenemos entretenidos.
Por último, para mantener la armonía, es necesario seguir unos horarios de sueño. En verano es habitual que perdamos nuestros hábitos de descanso, alargando las noches y acortando las mañanas, pero no podemos olvidarnos de la importancia que tiene dormir ocho horas y mantener una rutina de sueño, aunque sea mucho más flexible que en invierno. Mantener una especie de «ritual» antes de que llegue la hora de dormir, siempre que sea posible, resulta muy favorable para los niños. Por ejemplo: ducharse, lavarse los dientes, leer un rato e irse a dormir.

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