No se necesita maicena, porque la avena ya actúa como espesante. No se necesita tanto azúcar, porque el almidón de la avena potencia el dulzor. Incluso quedan cremosas y ricas con la mitad de yemas de huevo de unas natillas convencionales.
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Separar las yemas de 3 huevos y añadir 2 cucharadas soperas de maicena. En caso de utilizar una harina diferente, añadir el doble, es decir, 4 cucharadas soperas. En caso de que la horchata de chufa no esté endulzada (con azúcar o edulcorante), añadir 6 cucharadas de azúcar. Batir hasta que los ingredientes estén integrados.
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Incorporar poco a poco la horchata de chufa sobre la mezcla anterior de las yemas, mezclando con la batidora para que quede todo bien integrado.
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Poner la mezcla en un cazo a fuego medio y no dejar de remover hasta que comience a espesar (tener en cuenta que quedará más espesa una vez enfríe). Retirar del fuego y repartir en 3 cuencos. Coronar con una galleta tipo María y espolvorear un poco de canela en polvo.
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Una vez se enfríen los cuencos, taparlos y reservarlos en nevera. Esperar al menos 4 horas para su consumo, aunque yo prefiero dejarlas hasta el día siguiente. ¡Unas natillas deliciosas!
500 ml de Leche
2 ud de Yemas de huevo
12 ud de Cucharadas soperas rasas de copos de avena
3 ud de Cucharadas rasas de panela
1 ud de Cucharada rasa de canela en polvo
1 ud de Rama de canela
1 ud de Limón
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