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Intolerancia al gluten

La enfermedad celiaca es el resultado de una intolerancia permanente al gluten, proteína que está presente en las harinas de trigo, cebada, centeno y avena. Su característica principal es la reacción inflamatoria que se produce en la mucosa del intestino delgado cuando se ingiere cualquiera alimento que contenga esta proteína, lo cual dificulta la absorción de nutrientes.

Según la "Federación de Asociaciones de Celíacos de España" (FACE), uno de cada 100 recién nacidos en nuestro país puede padecer la enfermedad, y actualmente hay 20.000 casos diagnosticados. La enfermedad puede ser hereditaria, aunque no siempre se encuentran antecedentes familiares.

La intolerancia al gluten se produce por una lesión característica de la mucosa intestinal que atrofia las vellosidades del intestino, dejándolas más cortas de lo habitual. Este hecho reduce la absorción de los alimentos y afecta negativamente a la nutrición del niño.

La celiaquía suele manifestarse de forma habitual cuando el niño tiene entre dos y tres años, y ya ha iniciado su consumo de gluten, generalmente a través de papillas, galletas o pan.

Los síntomas más frecuentes suelen ser: pérdida de peso, pérdida de apetito, cansancio, náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, pérdida de masa muscular, retrato del crecimiento, raquitismo, trastornos neurológicos (cefaléas, neuralgias, epilepsia), etc. Aunque estos no siempre se manifiestan, lo cual dificulta su diagnóstico.

La existencia de estos síntomas junto con la realización de un análisis que manifieste falta de hierro, anemia, etc. permiten sospechar de la enfermedad pero, en absoluto, permiten hacer un diagnóstico definitivo. Por tanto, se hace necesaria la realización de una biopsia intestinal para su confirmación. Este examen consiste en la extracción de una muestra de tejido del intestino delgado superior, sin que se haya retirado el gluten, para ver si está o no dañado.

La práctica habitual para obtener un diagnóstico seguro es el resultado de tres biopsias. La primera cuando el niño presenta síntomas sospechosos de la enfermedad, comprobando si existe atrofia en las vellosidades del intestino y se suprime inmediatamente el gluten de la dieta.

La segunda, cuando el niño lleva dos años siguiendo la dieta sin gluten y ya no tiene ningún síntoma. En este momento se introducen alimentos que contienen gluten para ver si se produce alguna alteración intestinal. Esta prueba no debe hacerse en niños menores de seis años ni tampoco en el periodo de pubertad porque puede causar problemas de crecimiento.

Y la tercera, se realiza seis meses después, tratando así de confirmar si se ha producido o no una recaída en los niveles de gluten.

uno de cada 100 recién nacidos en nuestro país puede padecer la enfermedad, y actualmente hay 20.000 casos diagnosticados